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2020: Una distopía en el espacio...

“Estoy seguro de que el universo está lleno de vida inteligente. Simplemente ha sido demasiado inteligente como para venir aquí”.

(Arthur C. Clarke)

Parece ser que nuestros temores acerca de una Sgae descabezada y sin proyecto de gestión alguno carecen de fundamento y, siendo así, es de justicia decirlo.

La actual cúpula de Sgae tiene, nos cuentan, las ideas muy claras y así lo ha transmitido quien hoy decide la política de la entidad y se ocupa de los asuntos de gobierno, mientras el director general vegeta por la casa, la presidenta se ausenta por razones personales y su "asistente personal" remunerado se embarca en sus cábalas sobre los votos que hay, y que no hay, de cara a una posible moción de censura (que García Pelayo considera utópica, lo que debería inquietar a la presidenta, pues no es hombre que coleccione aciertos estadísticos).


Pero volvamos a nuestros temores injustificados.

Ayer viernes, el comité de empresa de Sgae convocó una asamblea de trabajadores de Madrid, que se celebró a las 9h en el garaje de Longoria.


El orden del día decía:


1- Análisis de la situación y toma de decisiones.

2- Ruegos y preguntas.


El desánimo y la indignación de la plantilla presagiaban una tensa reunión, de la cual se esperaban propuestas por parte del comité y decisiones relevantes.

La primera sorpresa, sin embargo, según nos comentan, fue que no había plan alguno por parte del comité y que éste se limitó a requerir propuestas de los trabajadores presentes, algo, si me lo permiten, ciertamente insólito, no solo porque la plantilla tendría razón en esperar las propuestas, planes de actuación y soluciones de sus representantes sindicales, sino porque estos son los únicos que están protegidos contra cualquier represalia patronal, a diferencia de los trabajadores de "a pie", que podrían verse penalizados si se les pone en el brete de dar la cara frente a la disparatada gestión de la actual Presidencia (validos incluidos) y su Junta Directiva, cuyas "purgas" son ya un clásico en Longoria.


Y no acabó aquí la sorpresa.


¿Quién creen ustedes que bajó a la arena para tranquilizar los ánimos en nombre de la patronal?


Uno pensaría que el director general, naturalmente, como parece lógico en su calidad de "cabeza" de la administración. Pero el señor Angaramo parece que no está para complicarse la vida y deambula por Longoria sin saberse muy bien a qué se dedica (aparte de a calentar la silla a su sucesor y, cuando se aburre, a jugar a "poli malo" en las negociaciones con las cadenas televisivas, con poco éxito, por cierto).

La segunda sorpresa de la mañana fue la irrupción del director de reclamaciones y coordinador del "back office" (ya saben, la trastienda en cristiano), el señor Clifton Williams, que decide la política de la Sgae (incluido qué parte de ella debe compartirse con una Junta Directiva que firma "cheques en blanco" en cada reunión, sin saber lo que se cuece en los pasillos del poder) y que se erigió en interlocutor con el comité y la plantilla.


¡Como alcalde vuestro que soy os debo una explicación y esta explicación que os debo os la voy a pagar!


Y no se cortó el señor Williams en su discurso, por lo que nos comentan.

De momento, dice, la cosa no está tan mal como pintan...


¡Sgae va bien!


Los editores no tienen c... para irse y los autores de prestigio no se van a ir.

Y los del audiovisual que se van son irrelevantes.


Ya lo ven, ni orden del día, ni análisis de la situación, ni toma de decisiones.


¿Quedó el comité satisfecho con las explicaciones de Williams?


Pues eso parece.

El ex-editor se despachó a gusto, desde luego, y los trabajadores volvieron a sus puestos igual que salieron.


No puedo felicitar al comité en este caso, me temo, porque no parece que haya hecho los deberes. El orden del día se quedó en papel mojado. Parecen haberse conformado con el vacuo discurso de un personaje sin peso específico alguno, ni experiencia previa como gestor, que no ha hecho otra cosa que marear la perdiz, reventar la reunión, dejando al comité en evidencia (yo les animo a retomar su papel histórico y su habitual rigor, y a dar la cara por una plantilla que los necesita hoy más que nunca) y a los trabajadores atónitos y más desanimados, si cabe. Y ni siquiera han preguntado a Williams cuales son los planes a corto y medio plazo, y si hay un plan B para el caso de que su optimismo se vea contrariado por la realidad, que se anuncia bastante más nublada (y que solo la cúpula de Sgae parece ignorar)


Porque, si le hubieran preguntado, a lo mejor les hubiera contado que él, García Pelayo y Pilar Jurado (esta por mimetismo) lo tienen muy claro, dicen, respecto de ese plan B.


¡Si se van todos los que lo han anunciado, que se vayan! (y si son audiovisuales, mejor).


Nada que no pueda arreglarse con un ERE en condiciones (no hay más que echar un vistazo al perfil de la nueva directora de RRHH, traída para la ocasión) y una buena subida del descuento de administración.


Lo que traducido viene a ser: Mitad de plantilla y doble de descuento. Nosotros de aquí no nos movemos y a los socios y los empleados, que les vayan dando...

Carta enviada a la JD por parte del Consejo Territorial de Galicia

Mientras tanto, la presidenta atiende a sus asuntos personales (algo, por otra parte, muy de agradecer) y Williams y Pelayo administran la información que puede darse a la dócil Junta Directiva, que no ha sido de momento convocada, pese a la gravedad de acontecimientos como el anuncio de la PRS, el nuevo requerimiento ministerial (que solo han conocido hoy, parece ser), los anuncios masivos de "fuga audiovisual" (el vicepresidente Onetti está demasiado atareado negociando su "reino de taifas" como para ocuparse de esas nimiedades), o la carta recibida del Consejo Territorial de Galicia (¿qué hacen los demás consejos?), de la que no han sido informados y se han enterado, como de casi todo, por la prensa.


Circula también otra carta, en este caso de socios de la entidad, que ya ha sido firmada por un nutrido número de autores (musicales principalmente, de momento, pero también audiovisuales y dramáticos) y algunos editores, en la que se exige "el cese o dimisión de la actual presidenta, Pilar Jurado, y de todos los vicepresidentes, así como la inmediata disolución de la actual Junta Directiva y la convocatoria de

unas elecciones que permitan una nueva legislatura capaz de

recuperar la ilusión de los socios y que pueda afrontar con garantías los retos a que nos enfrentamos", y que no tardará en llegar.


Y así están las cosas en Longoria. Mientras Onetti cambia cromos con Pinilla (que si cargos y abonos, que si división audiovisual), aquí el que no corre vuela y los socios a pagar, algunos empiezan a dar síntomas de preocupación, lo que se ha traducido en una carta promovida por miembros de la propia Junta Directiva, solicitando la convocatoria de una reunión extraordinaria para someter a la presidenta a una moción de censura y elegir, en su caso, una nueva presidencia, que está circulando también.

Votos hay, según parece, con algunas dudas de los tibios de siempre, pero con la incorporación de algún apoyo inesperado.

Y es que la preocupación se palpa y muchos están ya cansados de hacer de comparsas de la presidenta, de Williams y de García Pelayo (éste siempre bien informado de los avatares entre "junteros", merced a su leal "topo" dentro del consejo) y asumir responsabilidades por una gestión en la que no participan, más que para dar el "sí bwana" de cada reunión.


En todo caso, más vale que se decidan pronto, porque el 31 de diciembre se acerca y con él el "plan" distópico que Williams no compartió ayer con un confiado comité y la resignada (y abandonada) plantilla, que supondría, simplemente, una agonía lenta y muy cara para los autores y editores que queden en Sgae y para los empleados supervivientes.



Decía también Arthur C. Clarke, "Esta es la primera época que ha prestado mucha atención al futuro, lo cual no deja de ser irónico, ya que tal vez no tengamos ninguno".


No lo tendremos, desde luego, si llega diciembre y la cosa no ha cambiado, y mucho...




José Miguel Fernández Sastrón

(5 de octubre de 2019