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De IBERIA a SGAE, pasando por ENDESA...

“Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado.”

(Voltaire)

Nuestra Historia se repite con empecinado afán cuando se trata de la entrega al foráneo de los activos estratégicos que todo país civilizado guarda para sí con el lógico celo, menos esta España nuestra, desilustrada y predestinada a balneario de nuestros vecinos (ahora lo llaman "open Society", creo), cuyos gobernantes han competido en la dudosa carrera de ver quién nos conduce más deprisa hacia la intrascendencia política, la irrelevancia económica y la colonización cultural.


Recuerdo el desconcierto que, a los ciudadanos de a pie, alejados de los complejos círculos del mercadeo internacional de las grandes finanzas, nos causó la noticia de la "fusión" de IBERIA, nuestra "joya" aérea por excelencia, con la británica British Airways, allá por 2010 (aunque la cosa, dicen los entendidos, venía fraguándose ya desde 1999). En palabras del entonces jefe de la Sección Sindical del Sepla-Iberia, Justo Peral, “Iberia accede a una fusión que no necesita y que se ha hecho para tapar el agujero del fondo de pensiones de British Airways porque lo que se ha firmado es voy a financiar con mis activos una empresa que no puede financiarse” (https://www.preferente.com/noticias-de-transportes/la-historia-del-abordaje-de-british-airways-en-iberia-segun-justo-peral-235584.html).


Lo que parece obvio es que la supuesta "fusión" fue una absorción en toda regla y una vez más cedíamos terreno ante intereses extranjeros, entregando a los espabilados británicos la llave de la caja y la "puerta de embarque" de las conexiones latinoamericanas, quedándonos, de paso, sin nuestro "buque insignia" aeronáutico.


Con no menor estupor, asistimos a la entrega del gigante energético público, ENDESA, tras la preceptiva privatización, al grupo estatal italiano ENEL, en otra muestra de la clarividencia de nuestros gobernantes a la hora de regalar nuestros tesoros patrios y quedarnos con un palmo de narices. La principal energética española dejó de ser una empresa pública nacional para pasar a ser una empresa pública italiana.


Y siempre con un denominador adicional común: Iberoamérica y la ceguera de nuestros gobernantes ante la visión de nuestros vecinos sobre la importancia de conseguir el liderazgo en ese mercado, que nosotros parecemos incapaces de consolidar y que regalamos generosamente a cambio de nada a nuestra competencia.

https://www.eldiario.es/zonacritica/Endesa-troceada-expolio-Historia-desproposito_6_317128321.html


Hoy, con Sgae, estamos ante un nuevo capítulo de esta serie de despropósitos patrios, tal vez el más grave de ellos, por lo que conlleva, como nos demostrará el tiempo si llegase a perpetrarse, algo que parece difícil de evitar, no solo por la proverbial sintonía de nuestros gobernantes con los intereses foráneos, aun a costa de los nuestros, sino por la desgraciada circunstancia de haber coincidido este desafío con el peor equipo de gestión posible en la que está llamada a ser la próxima víctima de la "piñata nacional", la Sgae, algo que tampoco es del todo casual, seguramente.


Es "vox pópuli" que la entidad de gestión de derechos francesa, la SACEM, tiene ya un pie en nuestro país, a la caza, primero, de nuestros creadores (algunos ya dicen haber recibido su llamada), y con el fin último de conseguir una posición estratégica para hacerse con el liderazgo del mercado iberoamericano (un viejo sueño francés desde los tiempos de Pepe Botella, para los que siempre existe un Godoy de turno que les facilite las cosas).

"Las entidades de gestión europeas podrían asumir su actividad (de Sgae), dado que "pueden operar aquí", decía con aparente satisfacción el ministro el pasado febrero (y desde entonces, no ha hecho nada útil para intentar resolver una cuestión de enorme relevancia cultural, social y política).

A los no entendidos (entre ellos al señor ministro de cultura, mucho me temo) habría que explicarles que el "botín" perseguido no es solamente la gestión de los repertorios de nuestros creadores nacionales, sino que se trata de gestionar los repertorios internacionales en nuestro país (fundamentalmente aquellos derivados de la explotación online y la radiodifusión, que no exigen un gran despliegue de medios, ni unos costes desmesurados y que constituyen la mejor parte del pastel).

Es decir, que no solo les entregaríamos el futuro de nuestros creadores, sino que les daríamos las llaves de la casa y la administración de nuestro territorio en el ámbito cultural y de la propiedad intelectual. Algo que parece no entender el ministro, que nos sorprendía ya el pasado mes de febrero diciendo que "Si la mayoría considera que el modelo SGAE no es viable, surgirán otras entidades de gestión". Parecía, además, reconfortado al recordarnos "que las entidades de gestión europeas podrían asumir su actividad, dado que "pueden operar aquí" (¿Sabe el ministro que Sgae tiene más de cuatrocientos empleados a los que su plan europeo dejaría en la calle?)


Pero, además, les entregamos el puerto iberoamericano de Europa, algo que los franceses necesitan desesperadamente ante la realidad de un mercado francófono en franca decadencia (y valga la redundancia) y sometido a la "pinza" de un repertorio anglosajón dominante y una emergente tormenta socio/cultural iberoamericana, principalmente hispanoamericana (el término "latinoamericana" lo promovieron los propios franceses para desnaturalizar su origen hispano y su vínculo a la lengua y la cultura españolas, algo que les resultaba incómodo, y nosotros, como no, lo asumimos y utilizamos con obediente entusiasmo).


Defiende, en todo caso, su política el ministro cuando dice que "el PP ya llevaba una trayectoria y un recorrido tendente a controlar estos temas", por lo que "no es sólo una posición del PSOE, sino que comparten PP, Ciudadanos y Podemos".

Y, desgraciadamente, es cierto que en lo único que parecen conseguir un amplio consenso nuestros representantes políticos es en debilitar la gestión colectiva española y abrir las puertas a la "colonización cultural".


Porque eso, y no otra cosa, es lo que va a producir su negligencia ante la necesaria recuperación de una Sgae fuerte y bien gestionada, que se manifiesta en el hecho de permitir que siga en manos de una tropa descerebrada y acomodaticia, pendiente de sus propios intereses, muy ajenos a los de la comunidad a la que representan, encabezada por una presidenta que ha demostrado de sobra su incapacidad y que ha puesto el destino de los autores y editores españoles en manos de asesores aficionados, bien remunerados, eso sí, pero que poco, o nada, pueden aportar al buen rumbo de una entidad a la que están llevando al precipicio.

Limitan así la actividad supervisora propia de su responsabilidad a inútiles y a menudo inoportunos aspavientos y declaraciones fuera de tono de cara a la galería.

Y, ya de paso, a celebrar la entrada de Bonaparte por los Pirineos.


Es importante entender que la incompetencia o la temeraria frivolidad de un equipo gestor no pueden utilizarse como excusa para deslegitimar y desacreditar la figura de la gestión colectiva en nuestro país y la trascendencia de la labor de la Sgae, una entidad imprescindible (aunque no insustituible), que a menudo ha paliado la desafección de nuestros gobernantes hacia nuestra casuística, dotando a los autores de la protección que su condición de autónomos y "titiriteros" les niega, dentro del sistema implantado por una realidad que los minusvalora, y proporcionándoles herramientas y ayudas para el desarrollo de su profesión que no encuentran en una política cultural en general muy parca y poco visionaria.


Lo que es seguro es que la solución a la actual problemática no está en la destrucción de Sgae y su reemplazo por el vecino francés, ni en la entrega de nuestro balcón (de ida y vuelta) hacia el Atlántico, algo que nuestros gobernantes deberían entender, y hacer de una vez por todas de la política cultural, de nuestra riqueza creadora, y de nuestra pertenencia a la familia iberoamericana una cuestión de estado, implantando políticas que permitan el desarrollo de nuestra cultura común y su expansión en un mundo globalizado, siendo, por fin, sujeto activo y no siempre pasivo de esa globalización, algo que los franceses entienden muy bien.


Tampoco creo que la opción sea acogerse a ese consejo de San Ignacio de Loyola, que decía que «En tiempos de tribulación, no hacer mudanza», como nos sugiere la periodista de Diario 16, Claudia Moreno, para la que se trata de "una frase que es una mina de inteligencia y sabiduría", y que remata diciendo: "Tiempo habrá para la censura y el cambio".


Lo que no parece saber la periodista, autora de una loa tan admirable como inverosimil a Pilar Jurado (quizás su admiración por la presidenta ciega su pluma investigadora) (https://diario16.com/pilar-jurado-afirma-que-no-dimitira-como-presidenta-de-sgae-y-que-no-es-el-titere-de-nadie/), es que el tiempo para "la censura y el cambio" tiene una fecha perfectamente delimitada: 31 de diciembre de 2019.

Y cualquier "mudanza" posterior será ya completamente inútil para revivir a una entidad que su admirada diva y su séquito de palmeros habrán llevado a la ruina.


Pero volviendo a nuestro solar patrio, y dejando aparte la escatología, a lo mejor, la solución sería, en vez de sustituir a la Sgae por la SACEM francesa, sustituir al ministro español por uno traído de Francia, que sabría muy bien lo que tiene entre manos y como defender el enorme activo que supone nuestro rico acervo cultural.


Tentador sería, desde luego, probarlo...



José Miguel Fernández Sastrón

(7 de octubre de 2019)