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"Derribos y Desguaces Onetti & co".

Y se quedó allí, sentado entre las ruinas cubiertas de hierba, aquellas que habían sobrevivido a nombres y leyendas.

"El mundo de Rocannon" (1966), Ursula K Le Guin

Hicieron falta cien años para construirla, pero solo dos para desguazarla.


Bien podría ser éste el epitafio de una Sgae que no ha podido sobrevivir a los ataques de la política, la perseverancia de quienes han trabajado intensamente para su aniquilación y la complicidad ignorante, y en algún caso ruin y aprovechada, de quienes hoy, desde la torre de mando, nos engañan y se engañan con la arrogancia que les confiere un Palacio en ruinas.


Los actuales inquilinos de Longoria, léase nuestros representantes, se parecen a aquella aristocracia decadente que, sin atender a la penosa realidad de una ruina irreversible, incapaz de gestionar los nuevos tiempos, continuaban dilapidando su patrimonio para financiar esa prodigalidad atávica que les llevó a la ruina. La diferencia, eso sí, es que aquellos, al menos, gastaban su propio dinero y los actuales se pulen el nuestro con la mayor tranquilidad, arruinando a sus administrados en una caída al vacío sin precedentes en nuestra entidad.


Ya comentamos en nuestra anterior entrada (https://www.asesorautor.com/post/la-nueva-sgae-sin-2020-un-reparto-edulcorado-con-truco-y-sin-anticipos) la política de "austeridad" de Onetti y su pandilla de aprovechados que nos gobiernan, que solo afecta a los socios, mientras que los cargos de nuevo cuño, los sueldos a junteros y ex-junteros y demás dispendios a beneficio de ese "club privado" en que han convertido Longoria y aledaños, siguen nutriendo las cuentas de los Pelayos, Solanas y demás "accionistas preferentes" de "Derribos y Desguaces Onetti & co".

Ayer mismo comunicaban a los socios que "La SGAE suspende temporalmente la concesión de anticipos", algo que ya denunciamos nosotros hace diez días y que habían ocultado a la asamblea, pero que ya habían decidido (y aplicado) mucho antes del pasado 17 de diciembre (pese a que, en un engaño más a los socios, atribuyan la decisión al consejo de dirección celebrado en dicha fecha).

De hecho, ya habían comunicado mucho antes, aunque solo a los socios solicitantes de anticipos, que "Debido a la situación de crisis en la que nos encontramos como resultado de la pandemia, las previsiones de recaudación del primer semestre de 2021 son muy desfavorables, sumándose a la evolución muy negativa ya materializada durante 2020" (...) Por ello, y en cumplimiento de lo dispuesto en el Art. 177.9 del TRLPI, nos vemos en la obligación de suspender la concesión de nuevos préstamos/anticipos a nuestros socios".

Ello nos vuelve a demostrar la inercia de esta Sgae "onettiana" de mentir descaradamente a los socios, sin el menor pudor (ni rubor).

La decisión de suspender los anticipos no la tomó el consejo, sino el propio Onetti (asesorado por su corte de ineptos de cabecera), que luego, eso sí, sometió al dócil y agradecido consejo para su ratificación "a toro pasado" (algo que también es práctica habitual de estos tiempos).


Que no hay dinero para los socios ya lo sabemos.

Lo que no nos han contado todavía son los planes de "Derribos Onetti & Co" para maquillar su desastrosa gestión y mantener su tren de vida a costa de nuestro patrimonio social (ya ven, no era tampoco algo relevante de lo que informar en la pasada asamblea).


J.J Solana, Presidente "remunerado" de Fundación

Ya comentamos, por ejemplo, los planes de vender el "Archivo Histórico de Sgae", depositado en el sótano y custodiado hoy por el señor Solana (el primer presidente de la Fundación a sueldo de Sgae), que se pasea a sus anchas y en la intimidad entre escritos y partituras de gran valor, algo, si me lo permiten, muy poco ortodoxo.


Pero también han decidido, parece ser, poner a la venta el Palacio de Longoria, sede histórica de la Sgae. Para ello, no tendrán que consultar con los socios, pues estos (en realidad, apenas un 0,62% de ellos) delegaron su competencia inmobiliaria en la nueva "Comisión de Supervisión" durante la pasada asamblea (sin que nadie les informase de estos planes, por otra parte, que ya tenían, sin duda, en mente).

La decisión final, por lo tanto, la tomarán cinco socios de Sgae y cinco personas ajenas a la entidad que, ni son socios, ni les afecta en lo más mínimo su devenir patrimonial, más allá de la responsabilidad que contraerán frente a reclamaciones posteriores que, sin duda, llegarán.


¿Eso incluye también el edificio anexo de la calle Pelayo?

¿Tienen ya una sede alternativa?


Que una entidad del siglo XXI debe plantearse muy mucho una estructura adecuada a un nuevo escenario es algo obvio.

Que ello pueda aconsejar una sede más funcional y moderna (cuya dimensión dependería de otras cuestiones que deberían dilucidarse previamente), también es razonable, lo que no implica necesariamente malvender un edificio histórico, sino, tal vez, darle un uso diferente como espacio cultural, algo que exigiría una actividad que pudiera rentabilizarlo, lo que no es un concepto fácil de aplicar a la Sgae de hoy (ni de explicar a sus actuales responsables)..

Rentabilidad y "Derribos y Desguaces Onetti & Co" constituye, mucho me temo, un oxímoron perfecto.


Pero que nadie se engañe. Poner hoy a la venta un activo inmobiliario de esas características, en un mercado contraído por la crisis, sin tener una alternativa, ni un plan, no parece lo más aconsejable, salvo para hacer caja a costa de nuestro patrimonio, a fin de financiar los últimos estertores de una gestión calamitosa que nos ha traído hasta la más penosa de las ruinas.


O, tal vez, para costear los gastos de desguace de una entidad sin futuro, que prevé un "éxodo social" sin precedentes para el inminente 2021 y en la que sus gestores (salvo honrosas excepciones) solo piensan en prolongar un poco más su "sopa boba", mientras nos dirigen hacia una hoja de ruta inexorable (algunos, incluso, sin saberlo), diseñada hace tiempo por quienes sujetan hoy el sillón de nuestros devaluados próceres (y que han renunciado a hacerla suya ante la pesada carga de su mochila, a la que solo "liberarán" de sus activos, optando por una nueva vida fuera de Longoria y bajo el paraguas de otras siglas, convenientemente reservadas para su uso y disfrute por la autoridad competente).


Para llevarlo a cabo, desde luego y por más que a los socios nos duela, no han podido encontrar mejor opción en el mercado:


"Derribos y Desguaces Onetti & co" está cumpliendo maravillosamente con su apocalíptico cometido...



José Miguel Fernández Sastrón

(22 de diciembre de 2020)