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Desesperanza...

1. f. Falta de esperanza.

2. f. Estado del ánimo en que se ha desvanecido la esperanza.

(RAE)

La realidad es terca y se empeña en salir a la luz por más que intenten ocultárnosla.

Por muchas imágenes triunfalistas que quiera mostrarnos Pilar Jurado, fotografiándose con ministros, con colegas internacionales, o con excelsos premiados, la presidenta tiene los días contados. Ella y su junta directiva de pusilánimes entregados a la causa y apegados al sillón y las dietas, que parecen no ser conscientes del rumbo que ha tomado una entidad descabezada, desorientada, desacreditada y abandonada ya por un número importante de socios cansados de los desvaríos de una megalómana iluminada y de los dislates de sus confidentes remunerados, que han convertido Longoria en un nido de aprovechados y un pasillo de rumores, temores, amenazas y servilismo, propios de una corte renacentista de la que están huyendo todas sus "luces", despavoridas e indignadas.


Pilar Jurado jugaba a la "Gran Política" en Bruselas, mientras las cartas de retirada de muchos socios llegaban a Longoria y mientras la PRS inglesa anuncia su ruptura con Sgae, algo que supone un gravísimo "mazazo" a la entidad y que, de tener secuelas, que las tendrá si no se pone remedio, puede acabar con la viabilidad de una entidad centenaria. Pero, ya lo ven, la presidenta tiene cosas más importantes que hacer (con sus "ambiciosas políticas para los creadores en el entorno digital).

¡Para Luz, la mía! - se dirá Pilar Jurado, desde su torre de marfil -


¡Para Luz, la tuya, Presidenta! - le responderán solícitos los Williams y Pelayos desde sus recién estrenados despachos y sus nóminas insólitas para quienes nada aportan salvo estulticia a granel y desmesura temeraria.


¡Para Luz, la tuya, Presidenta! - se unirán con entusiasmo los agradecidos miembros de una Junta Directiva incapaz de ejercer su función, atareados en sus propios asuntos y rencillas y empecinados en estirar una situación insostenible, pero muy cómoda y rentable para sus peculios (más de unos que de otros, eso sí).


Poca luz, en todo caso, para una Sgae centenaria que agoniza a manos de quienes se comprometieron a defenderla y solo a sí mismos defienden...


Poca luz, en todo caso, para iluminar la desolación de miles de autores y editores que ven como su casa permanece ocupada por la sinrazón y sus derechos en riesgo de orfandad...


Poca luz, en todo caso, para combatir la oscuridad de una gestión opaca, ignota, temeraria, desnortada y basada en la lealtad a la mano que alimenta las vergüenzas de un grupo de arribistas que han descubierto que, en muchos casos, más que vivir de sus propios derechos de autor, renta el vivir directamente de los autores y editores...


Y poca luz, en todo caso, para ocultar la realidad de una Sgae, cuyos socios, resignados algunos, desinformados los más (que hasta aplauden a veces a quienes los conducen al patíbulo), e indignados muchos, no parecen capaces de exigir un cambio de rumbo, que les permita retomar el control de su propia casa.


Los que se van, porque entregan su casa sin pelear por ella.


Los que se quedan, porque lo hacen en silencio, permitiendo su propio desahucio a golpe de incompetencia, de morosidad no reclamada, de falta de celo en la recaudación, de extravagantes, lesivos y costosos movimientos en la plantilla, de falta del más mínimo proyecto de gestión, mientras entre unos pocos se reparten lo que queda del pastel.


Leemos hoy en ABC que "Directores como Pedro Almodóvar, Rodrigo Sorogoyen, Juan Antonio Bayona, Miguel Bardem, Mateo gil y, los que más recaudan en el colegio, los hermanos Alberto y Laura Rodríguez Caballero, creadores de «Aquí no hay quien viva» están en esa lista que la SGAE guarda como el mayor de sus secretos en una caja fuerte dentro de la entidad". "A ellos se suman otros profesionales menos célebres pero importantes, como los guionistas de «Amar es para siempre», Julia Altares -que fue miembro de la Junta Directiva de SGAE-; Sergio Barrejón de Bloguionista y otros como Mercedes Cruz y Bárbara Alpuente".

De poco ha servido, como era de esperar, el disparatado reclamo "made in Onetti/Cabal" que pretendía su inviable modelo de "DIVISIÓN AUDIOVISUAL", tan aclamado por la directora del departamento (que a este paso se queda sin trabajo, y eso que no parece que tuviera mucho) llamada a liderarla.


También nos dicen que "Por otra parte, esta misma semana se ha celebrado un encuentro en Madrid entre dos entidades extranjeras, Sesac y Sacem,estadounidense y francesa, respectivamente, que ya sobrevuelan la posibilidad de hacerse con los repertorios de los autores que abandonen la SGAE". Con ello, dicen, "Se daría la triste paradoja (de) que el repertorio de autores de un país que es una gran potencia cultural, como España, terminara siendo gestionado por entidades extranjeras. Esta posibilidad preocupa y mucho en el Gobierno".

Lo de la preocupación del gobierno no queda tan claro, la verdad. No, al menos, en lo que respecta al Ministro de Cultura, José Guirao, quien, salvo que haya cambiado su opinión, ya contemplaba esta posibilidad el pasado mes de febrero, lo que parecía producirle cierta quietud, cuando decía que "Si la mayoría considera que el modelo SGAE no es viable, surgirán otras entidades de gestión", aseguró el titular de Cultura en una entrevista con 'Servimedia', donde precisó que las entidades de gestión europeas podrían asumir su actividad, dado que "pueden operar aquí".

No hay que perder la esperanza y, a lo mejor, ahora le han explicado las consecuencias de esa solución suya, basada en un modelo de "colonización" cultural extranjera."

Por otra parte, la inactividad práctica del gobierno (entiéndase de su ministerio al efecto), más allá de amenazas inútiles, e inoportunas, incluso, y discursos para la galería en todo este proceso de descomposición de la Sgae, no invita a pensar en que el solucionarlo esté entre sus prioridades (no queremos pensar que entre sus capacidades, claro).


A la vista de todo ello, uno se pregunta qué sentirán los empleados de una Sgae que parece abocada a la desmembración, que ven como se descabeza caprichosamente una administración eficiente, tan necesaria para la gestión de la entidad, sustituyendo experiencia y conocimiento por ignorancia y prepotencia y hasta por "nostálgicos suboficiales retirados", dispuestos, por una última propina, a cumplir su función de "tapadera" provisional al advenimiento de un "nuevo orden", largamente madurado por la "mascota" favorita de la presidenta y consentido por su caterva de estómagos agradecidos.


Durante años, ante las frecuentes carencias de los "políticos", la Sgae se ha mantenido a flote merced a una plantilla de trabajadores que saben hacer su trabajo y que, a menudo, solo necesitan que no se los moleste demasiado.


Hoy, esos mismos trabajadores, algunos de ellos han dedicado toda su vida a nuestra casa, que es también un poco (o un mucho) la suya, no se sienten igualmente motivados ante la penosa realidad que ellos, los primeros, padecen.

Y eso es un mal síntoma, sin duda, y algo que debería preocuparnos mucho.


Porque, a día de hoy, esa plantilla de trabajadores de nuestra casa, solo encuentra una palabra para expresar su sentimiento ante lo que estamos viviendo (y ante la falta de reacción de los dueños del solar).


Y esa palabra, me consta, es... "Desesperanza".



José Miguel Fernández Sastrón

(3 de octubre de 2019)