Buscar
  • asesorautor

El Congreso, simplemente, ha vuelto a pinchar...

Actualizado: 16 de feb de 2019

Lo más curioso de la noticia que leíamos el pasado martes en el diario El País sobre la aprobación de la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, y me voy a referir concretamente, de momento, a la cuestión a que se refiere el titular ( "El Congreso pincha “la rueda” de la SGAE, a pesar del PP"), no es el entusiasmo que despierta en el cronista y en gran parte de la opinión pública, sino que de dicha algarabía se contagien un gran número de autores y editores, que ven en ella una esperanza hacia un marco mejor para el derecho de autor.

Mayor sorpresa causa el comunicado que la Sgae hizo al respecto, en el que decía, según leemos en el diario barcelonés La Vanguardia, que "La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) ha valorado hoy "de manera positiva" la decisión del Congreso de poner un tope del 20 % a lo recaudado por cada autor por la emisión de su obra en un horario nocturno, la denominada "rueda de las televisiones". Y añade después, textualmente: "Sin perjuicio de llevar a cabo un análisis más detallado, en líneas generales valoramos de manera positiva el hecho de que se clarifique la situación. Esto nos ayudará a desarrollar nuestra labor como entidad de gestión" según señala la SGAE en un comunicado.


Que algunos autores con poco información sobre cuestiones tan compleja no vean las derivas posibles de esta excéntrica medida parlamentaria es hasta cierto punto comprensible, pero que la propia Sgae la valore "de manera positiva" y considere que con ello se va a clarificar la situación y que, además, piense que "ayudará a desarrollar nuestra labor como entidad de gestión" roza el esperpento y anuncia tiempos convulsos para la gestión colectiva en nuestro país. Quizás debieran haber hecho ese "análisis más detallado" antes de pronunciarse, porque, desde luego, sea quien sea el autor intelectual del comunicado, se ha lucido.


Antes de seguir, y para no desanimar a aquellos posibles lectores que ven en las madrugadas de las televisiones el origen de todos los males, quisiera dejar claro que no busca este texto defender, ni atacar, a la música que se emite en dicha franja horaria, ni tampoco ignorar la existencia de un problema real, aunque mal explicado y peor entendido. Independientemente del criterio que se tenga al respecto, mi única intención es explicar por que esta ocurrencia de nuestros congresistas es un torpedo dirigido directamente a la linea de flotación de la gestión colectiva y del derecho de autor. Y todo ello por pretender matar moscas a cañonazos, lo que normalmente conlleva pocas moscas abatidas y enormes daños colaterales.


Pero vayamos por partes...



Leemos en El País que "la ley ordenará por primera vez el reparto de la

llamada rueda y el total de lo recaudado por esta franja en las televisiones —definido como “testimonial”— no podrá superar el 20%. Esta cantidad es el máximo propuesto por el laudo de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) en julio de 2017. Las opiniones recabadas entre los portavoces de cada uno de los partidos coinciden en que se trata de un “entendimiento decisivo” para despejar las dudas sobre la gestión colectiva de los derechos de autor".


Leemos también que "Según el artículo 159 del informe, las entidades de gestión tendrán que adoptar las "medidas necesarias, incluyendo la fijación de topes de reparto cuando sea procedente, para evitar que obras o prestaciones reciban cantidades desproporcionadas en relación a los rendimientos comerciales o de audiencia que se producen durante su explotación".


Antes de entrar en el paroxismo de la satisfacción y en las "valoraciones positivas" convendría que tuviéramos algunas respuestas a las cuestiones obvias que nos surgen tras tan buena nueva (que, más que "despejar dudas", plantea unas cuantas):


¿Cuando dicen que lo recaudado en la franja de madrugada no podrá superar el 20% (entendemos que del total, aunque no lo especifica el cronista) se refieren a que Sgae deberá renunciar a recaudar por esa franja una vez superado ese límite?


Es evidente que El País confunde la recaudación con el reparto. Seguramente lo que quieren decir es que lo que se establecerá es un tope en el reparto (pedir un tope en la recaudación es un disparate excesivo, incluso para nuestros voluntariosos legisladores).


¿Cuando habla de "rendimientos comerciales y de audiencia" quiere esto decir que las tarifas deberán, a partir de ahora, ajustarse esencialmente a los resultados económicos de aquellos usuarios que deben pagarlas y no a la decisión de sus titulares en función del uso que se hace de sus obras, priorizando el apartado d) del artículo 164 sobre todos los demás?

Para superar esta contradicción esencial van a tener nuestros legisladores que hacer una reforma algo más profunda que esta "chapucilla" oportunista e irreflexiva.



En realidad, las incertidumbres que plantea esta propuesta política tan agasajada son muchas más que las soluciones que aporta. De hecho (y no tardará en verse) no aporta ninguna en absoluto a la patología que pretende tratar. Podríamos decir que se trata de un mero placebo que apenas toca al virus principal, si no fuera porque seguramente va a causar patologías mucho mas inquietantes que aquellas que pretende superar.


Pero, ni la mayoría de los autores, ni, según parece, la propia Sgae a día de hoy, ni nuestros legisladores han apreciado algunas consecuencias más que probables de este despropósito y que paso a resumir someramente:


Considerar que con dinamitar las madrugadas musicales se consigue algo más que acabar con la única ventana musical abierta actualmente a los repertorios nacionales (lo que no la exime de una picaresca que ha contribuido mucho a su descalificación y que debía atajarse, pero que no puede generalizarse) y a los repertorios ajenos al circuito comercial impuesto por las multinacionales (hoy casi todos, fuera de sus catálogos) es ingenuo y demuestra la falta de conocimiento del legislador sobre la casuística sobre la que legisla.


Ignorar que el mayor problema de la música comercial en TV es que apenas hay música comercial en TV, fuera de un par de programas puntuales (acaparados, además, por alguna de las multinacionales), es desconocer el medio, o simplemente intentar confundir deliberadamente al personal (empezando por nuestros políticos que, evidentemente, salvo honrosas excepciones, ya han comprado la versión de ICMP/CISAC y las Multinacionales). De hecho, la aplicación del Laudo de la OMPI en diciembre de 2017 ( que es lo que los congresistas exigen ahora, ya que no han inventado nada, excepto darle un peligroso carácter legal obligatorio que minimiza la autogestión de una entidad privada) lo que demostró es que ese excedente del 20% fue esencialmente a acrecentar las cantidades percibidas por fondos (música de ambientación) y muy especialmente a los fondos publicitarios (es decir, que para corregir la falta de audiencia de los conciertos nocturnos se primaba a los fondos que suenan en los anuncios publicitarios que, como todos sabemos, son los que gozan de mayor atención de la audiencia). Claro que, al contrario de otras "piezas menores", en el caso de los fondos publicitarios, estos pertenecen mayoritariamente a los catálogos de las multinacionales, nutridos principalmente de repertorios internacionales (de ahí la beligerancia en el asunto de una CISAC convertida en "agente comercial" de dichos repertorios y cada vez más alejada de sus fines fundacionales), lo que los legitima ante la opinión oficialmente admitida.


En todo caso, guste o no, las Cadenas de televisión emiten esencialmente música propia del medio y esta se compone de cabeceras, ráfagas, sintonías, fondos y, cómo no, anuncios publicitarios. Son escasísimas las emisiones en las que la música comercial tiene protagonismo, ya que, según los programadores, las actuaciones musicales bajan mucho la audiencia. Eso no era un problema cuando las cadenas utilizaban fundamentalmente la música comercial de las multinacionales para esas ambientaciones secundarias. El problema se produce cuando las TVs aprenden la receta editorial de las propias discográficas y crean sus propias editoriales, dando, por cierto, trabajo a muchos autores nacionales (sin menoscabo de que, como en casi todos los ámbitos, se produjesen abusos y malas prácticas que se han intentado generalizar para desacreditar todo el sistema de forma interesada).


Los conciertos nocturnos son, nadie lo puede negar, un medio de las cadenas para obtener un mayor retorno. Pero también son una ventana casi imprescindible para un repertorio nacional y diverso (jazz, flamenco, músicas instrumentales, étnicas etc) expulsado prácticamente del panorama comercial por las grandes multinacionales y sus repertorios internacionales. Y si bien es cierto que su horario no es el más deseable, no puede ignorarse que vivimos una época en que las costumbres del espectador, especialmente los más jóvenes, han cambiado mucho y resulta algo obsoleto priorizar un criterio de audiencia puntual ante una demanda de consumo individualizado, ajeno a cualquier imposición horaria, como la actual.


Lo que ocurre es que, tal vez, a nuestros políticos, siempre tan alejados de los creadores, cuya relevancia social menosprecian tradicionalmente, les produce cierta desazón enfrentarse a los verdaderos actores de esta tragicomedia y que no son otros que las multinacionales discográficas, que han perdido una importante cuota de mercado en el nuevo modelo (aunque no tanto como quieren hacer ver) y las grandes compañías de radiodifusión que no están dispuestas a renunciar a una metodología editorial que durante décadas ha proporcionado pingües beneficios a las multinacionales, a cambio de nada. Y desde luego, ante una legislación que "determina el valor testimonial" de una franja no van a quedarse en el reparto y no tardarán en exigir esa misma rebaja en la tarifa. A ello no tardarán en unirse otros usuarios, ante esta generosa medida política que perjudicará mucho a la solidez del derecho de autor.


Y entre tanto, seguirá el artículo 71 (que prolonga eternamente la "esclavitud" autoral decimonónica, anacronismo que no parece despertar la conciencia social de nuestros políticos, más allá de Podemos, que sí lo contempla, aunque parece que sin el entusiasmo que le ha llevado a lograr otros objetivos). Tampoco hay rastro de medidas proteccionistas efectivas para los autores nacionales (como hacen otros países de nuestro entorno, que sí tienen clara la importancia de defender a sus creadores), ni de la necesidad de un régimen laboral/fiscal que se adecúe a las vicisitudes de los creadores como sector productivo.


Nada de esto se contempla cuando legislan sobre nuestro futuro. De hecho, las televisiones conseguirán rebajar las tarifas, las multinacionales seguirán monopolizando el mercado, los políticos se sentirán unos nuevos "Robin Hood" y volverán a su casa con la satisfacción del encargo cumplido, pero los autores seguirán obligados a mendigar a unos y otros una oportunidad.


En definitiva, digan lo que digan los entusiastas de esta reforma, el Congreso no ha solucionado nada a los autores, limitándose a seguir un guión que muchos conocemos de primera mano. Tampoco ha pinchado ninguna "rueda".


El Congreso, dando una nueva prueba del menosprecio de nuestra clase política, en general, hacia los creadores, simplemente ha vuelto a pinchar.




José Miguel F. Sastrón

(29 de noviembre de 2018)