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III- Sgae: Un futuro incierto desde un presente desolador (que ignora su pasado)

Actualizado: 13 de abr de 2019




SGAE: DE ESTAS RUEDAS, ESTOS LODOS...


13 de marzo de 2013


¡Viva la Música!


El conflicto de la llamada "Rueda" de las televisiones no es un asunto nuevo, ni fácil de abordar en un espacio corto.

De hecho, es un tema que requiere de una explicación compleja y extensa, ya que encierra multitud de ramificaciones que conectan con intereses, picarescas, carencias normativas y abusos por una y otra parte en el tablero. Pero también con estrategias políticas y juegos soterrados, que aprovechan el río revuelto para sus propios fines e intereses. Por ello, no voy a ahondar en estos momentos en el fondo de la cuestión (lo que haré en otra ocasión, no lo duden, pues es un tema mal explicado y peor entendido), sino en la utilización que, entre unos y otros, se ha hecho de esta polémica y que explica con claridad el momento actual que viven la Sgae y sus socios.


El propio término, "La Rueda", no fue un invento del señor Reixa, sino que, seguramente asesorado por uno de los "clásicos" de la casa, lo recuperó de una antigua práctica de ciertas orquestas de variedades, consistente en incluir en las hojas de programa sus propias composiciones, sustituyendo en parte lo realmente interpretado, lo que se hacía de manera coordinada y metódica, produciendo ingresos considerables a títulos absolutamente desconocidos. De hecho, esta práctica se denunció y se eliminó con la entrada del grupo liderado por Teddy Bautista en la Junta Directiva, allá por los finales de los años 70. Seguramente no del todo, pues no es fácil de demostrar en algunos casos, o incluso, simplemente, se continuó materializando de forma real, añadiendo sistemáticamente esos títulos al repertorio más demandado y ya de forma menos coordinada.



En lo que sí fue precursor Antón es en la utilización política de un conflicto en el que vio un asidero para su propia supervivencia, toda vez que en ese momento era ya un presidente acorralado por sus propios dislates y rechazado por gran parte de su propio partido, AUNIR.

Así, el 12 de marzo de 2013 (apenas tres meses antes de su destitución, que ya barruntaba) lanzó una misiva a los socios bajo el epígrafe ¡Viva la Música!, en la que denunciaba las prácticas fraudulentas de un grupo de autores, en concomitancia con los canales de tv, haciendo esa referencia histórica que ya hemos comentado y que certifica la colaboración de quienes lo instruyeron en la materia (Reixa no era precisamente un conocedor de la historia de la entidad y su presencia en este ámbito, asambleas incluidas, no se produce hasta que es llamado a filas).


Mezclaba el gallego en su carta a los socios muchas cosas, según conviniese más a su discurso, hablando de la ejecución humana, de los intermediarios, de la avaricia, de los abusos editoriales, de una ventana única con DAMA y de su compromiso en defensa de los autores.

Cualquiera podría suscribir muchas de sus afirmaciones y desde luego no dejaba de tener cierta razón en alguna de sus denuncias (no en vano, estaba perfectamente asesorado por quienes habían consentido durante años, desde la administración, un sistema más que mejorable, cuyas carencias ponían hoy de manifiesto, para dotar a su "apuesta política" de un salvavidas que frenase su caída en picado).


¿O es que alguien cree a estas alturas que el contenido de esa carta lo diseñó Antón Reixa?


En realidad, más que lo que decía, lo que resulta revelador es lo que no decía.



Antón Reixa estaba convenientemente asesorado. La pregunta que muchos se hacen es: ¿Fue idea suya el envío de una misiva incendiaria?

Por ejemplo, decía que "A propuesta del Presidente, la ponencia de la comisión de Reforma de Estatutos y Reglamento para la reunión del mes de marzo presentará una propuesta de cambios en el reparto de televisión respecto a la valoración de la llamada “ejecución humana secundaria” (los instrumentistas que, de forma inaudible, se adivinan en los magazines televisivos y los espacios de azar y otros servicios en las madrugadas). Esta reforma de reglamento, una vez debatida y analizada, deberá ser validada por Consejo y Junta Directiva".


Pero lo que no decía es que fui yo personalmente, como vicepresidente, entonces, por el Colegio de Pequeño Derecho, quien le advirtió, mucho antes de su carta, de esta picaresca de la "ejecución humana secundaria", un asunto basado en la aplicación de un coeficiente reglamentario que primaba la ejecución en vivo de la música en televisión y utilizado para sobrevalorar los fondos de "teletiendas" y otros espacios comerciales de la madrugada (tarots, videntes, etc.). Mi propuesta durmió el sueño de los justos en un cajón de su mesa durante meses, hasta que las circunstancias le recomendaron retomarla para su misiva incendiaria. En todo caso estábamos ante una picaresca "legal" y la solución obvia era un simple cambio reglamentario que evitase dicha picaresca.


Como he dicho, yo mismo propuse la fórmula que quedo en el artículo 202 B)4:


"Cuando la ejecución humana resulte meramente secundaria e incidental, tendrá la consideración de “fondo musical” y, a efectos de valoración y tratamiento, se aplicará lo previsto en el Grupo B, Apartado 5.4 del presente Artículo 202 del Reglamento".

(Dicho en el lenguaje común de los mortales: un fondo valdrá lo que vale un fondo, independientemente de ser ejecutado en directo, evitando así su sobrevaloración acogiéndose a una norma ambigua. Muerto el perro, se acabó la rabia).


Recuerdo que hubo polémica y algunas protestas, como era de esperar, pero el tema quedó solucionado de manera efectiva, limpia y sin ruido. Como deben hacerse las cosas. A pesar de ello, se ha seguido utilizando la cuestión de la ejecución humana secundaria, los llamados fondos de las "brujas", como si fuera algo que siguiese ocurriendo. Algunos por desconocimiento. Otros faltando deliberadamente a la verdad, con la única intención de fortalecer su discurso.



Tampoco decía Reixa, que sí dejó claro que estaba seguro de que esta iniciativa le supondría la hostilidad de esas mafias autorales que, sin duda, iniciarían una campaña de calumnias contra su persona, que pocos días antes había recibido una filtración: el diario El País iba a publicar una información según la cual "La Axencia Galega de Industrias Culturais (Agadic) que dirigía Fasero aprobó una ayuda de 142.665 euros para la productora de Reixa —Filmanova Invest— 23 días antes de que su responsable abandonase el cargo público para incorporarse a la SGAE como delegado de la zona noroeste de la península".


No faltaron los "mal pensados" que relacionaron la explosiva carta de Reixa con un intento de eclipsar una información que lo señalaba en momentos muy delicados, en los que estaba en el punto de mira de su propia Junta Directiva. Una vez más, lo explica con total claridad el que fue su mentor, Fermín Cabal, en respuesta a las acusaciones del cesado presidente, cuando escribe:


"Es mentira que las "luchas intestinas" sean fruto de ansias de poder y de conjuras y maniobras en la oscuridad. Aquí ha sido todo bien claro: hubo una mayoría conformada básicamente por la voluntad electoral de los socios, como debe ser en una organización democrática . Y esa mayoría se fue deteriorando a medida que nos conocimos mejor y que conseguimos rebajar la tensión entre nosotros. Y eso se reflejó en unos acuerdos cada vez mayores de participación en las decisiones colectivas, con la incorporación, feliz en mi opinión, del vicepresidente de PD a la Permanente. En numerosas ocasiones esa nueva actitud se manifestó en las votaciones tanto en la JD como en el CD, derrotando una y otra vez los disparates de Reixa con nuestra actuación conjunta. Naturalmente, había cada vez más gente, editores incluidos, que pensaba que Reixa era un error (Didendum, ICCMU, Fasero....) y que necesitábamos una salida de consenso. Una salida que no ha sido posible porque el Sr. Reixa, que no es tonto, al ver lo que se le venía encima, sacó la carta de Viva la Música y la hizo estallar como una granada cargada de metralla entre los socios del PD".


El caso es que la mecha estaba encendida y ya no sería posible apagarla.

Una cuestión que debía haber sido tratada y solucionada dentro de la entidad, se convirtió en el "tema único" de las reuniones de los órganos de gobierno, eclipsando cualquier otra problemática (a excepción de la cuestión audiovisual, ya también muy insertada en el día a día de la entidad) y de las tertulias externas y hasta los medios de comunicación.

La "Rueda de las Televisiones" pasó a ser "La Rueda de la Sgae" (para satisfacción de sus detractores) y ya desde ese momento todo valía, desde una u otra trinchera, para desmontar al adversario.


Reixa, en su despechada salida, fundó la llamada Coalición Autoral (CoA), que hoy maneja el incombustible Patacho Recio, un personaje al que también me referiré más adelante, cuya trayectoria en todo este conflicto es bastante lamentable.


Las editoriales, y especialmente las multinacionales, no iban, naturalmente, a desperdiciar la ocasión y se lanzaron con brío y sin complejos a una batalla (no sin razones, hay que decirlo) que llevaban librando dentro de la Sgae unos cuantos años, dispuestos a quemar sus naves.


Y tampoco lo harían aquellos que se frotan las manos ante un río revuelto del que esperan sacar una buena tajada, especialmente ante las generosas expectativas que al sector privado (agencias y despachos jurídicos, sobre todo) y a la competencia exterior (¡Vive La France!) les ofrece una legislación europea (que en España adaptamos con fervor magnificente) a su medida.


Había, y hay, desde luego, mucho dinero en juego.



Daba así comienzo una partida que todavía se juega, en la que difícilmente habrá ganadores y sí muchos perdedores (al menos en el bando autoral y el de los pequeños editores independientes).


Esencialmente, perderá la credibilidad de una gestión colectiva que muchos ansían sustituir por una gestión selectiva y especulativa, lanzándose a una batalla sin cuartel (y sin reglas, ni ética) que amenaza con devolvernos a los tiempos de Fiscowich, en versión metadata (con el aplauso, eso sí, de los Patachos de este mundo).



Pero eso lo veremos en nuestro próximo capítulo.



José Miguel Fernández Sastrón